Quillotro

Camilo Soria Rodríguez

Todos los nombres mencionados en este texto contienen un enlace a otra página. En su mayoría estos enlaces estarán vacios inicialmente y es labor de todos ir completandolos con información y datos: los links vacios apareceran de color rojo, y los que tienen contenido serán azules.
A la izquierda de estas líneas dispones de links a los índices de las entrevistas y de todas la personas mencionadas en esas entrevistas.

Índices

Un pozo de sabiduría.  Haciendo presente el pasado con una nitidez de memoria que asombra a propios y a extraños.  Así es hoy día Camilo Soria Rodríguez “Camilo” para todos los cueveños.

¿Quién en aquellos años no viajó con él en su coche?  Me mira fijo a los ojos como si no lo creyese, frunce el ceño, y me dice con orgullo que vino al mundo en el ya lejano 1924.  ¡Sí señores!  73 años bien llevados que más de uno firmaría sin pensárselo dos veces. Aun le veo, en bicicleta,  por la carretera de la “Caña”, paseando con esa tranquilidad sana y pasmosa que más de uno desearíamos en esta vida de prisa y estrés.

Quillotro - Camilo Soria Rodríguez
Fecha nacimiento: 1924
Fecha defunción: 29 de noviembre de 2010
Fecha de Entrevista: 17 de agosto de 1.997

Estamos sentados en el Paseo, en una mesa junto al casino, mientras llega la hora de “la liga” y como un manantial de sapiencia habla, habla...“La gente no sabe que mi primer trabajo fue en la fragua. Prueba de ello es la baranda de Pepe el Estanquero”.  Después me sigue diciendo:  “...la fábrica de harina de mi padre.  ¡Menuda harina hacía aquello!”, me recuerda, con orgullo, mientras su cara refleja el pasado haciéndolo presente.  Después hace una pausa. Mira alrededor, toma aire y recuerda a su padre con el cariño más sincero y profundo...  “Ramón Soria, se llamaba”, me dice, para que yo no me olvide de su nombre.“¡Cuatro años me tiré picando, haciendo aquellas grietas en la piedra” y así, al moler, “salía la mejor harina del mundo”.Pero en esta vida y en aquellos trabajos no estaba el “calvario” que la empresa Maestra le haría pasar a Camilo.Cierto día, D. Eduardo, el médico, le dijo: “Vete a Barcelona y te sacas el carnet de conducir.  Y allí pasé un mes justo”, me dice, como si acabase de llegar de Barcelona con el permiso bajo el brazo y con el orgullo y agradecimiento “...en casa de Emilio el Tardío, en la calle Paralelo, número 75”.“Loco de contento me vine”.  Ya solo faltaba el coche.  Así que ni corto ni perezoso, un buen día “Francisco Lozano, mi cuñao, y yo, marchábamos a Madrid en busca de un buen coche”.  No fue difícil, me cuenta, “dar con él”.Allí estaba como todos lo recordamos.  Impresionante, limpio, como siempre lo estuvo.  “Un chrysler con seis cilindros en línea.  Matrícula MU-7802”.  ¡Lo tenía todo...!  Bueno, casi todo.  “Le faltaban los frenos”, pero eso que más daba en aquellos tiempos, donde incluso no había casi carreteras.  Y como si de un gran secreto se tratase, se acerca un poco más y me dice:  “...sin frenos más de cinco años y sin seguro”.  Y yo así lo pongo para que todo el mundo lo sepa.  Después sigue diciéndome, “nos costó, a mi cuñao y a mí, 58.000 pesetas, de las de antes.  Nos quedamos sin dinero”.El Rácano, que así era conocido el coche por los cueveños, dejó “boquiabierto” al pueblo, que acudió, en masa, a verlo.Sus primeros clientes fueron “...aquellos cuatro gitanos que llevé a Ubeda por mil pesetas.  Me acompañó Ramón Sola, hijo de Fernando el Regaor, que estaba de mozo en la

Quillotro - Camilo Soria Rodríguez Quillotro - Camilo Soria Rodríguez

1. José María Olivares
2. El Tala
3. Moya, el municipal
4. Ramón Martínez Olivares
5. José el Postemoso
6 . Otilio
7. José Ramón el del Niño
8. Pepe Carraco
9. Camilo Soria
10. Serapio

Quillotro - Antonio Martínez Pozo

fábrica de harina, por si me pasaba algo.  Pero mi primer cliente fue el Tío Luis Torregrosa, que era marchante.  Después Pedro Castillo, Juan Noguera y otros”, me dice, recordando con profundo respeto a estos grandes hombres, ya desaparecidos.Una imagen perfecta sería imaginarse al Rácano bajando la cuesta La Torre en estas condiciones y ver a los viajeros sujetándose cada uno donde podía y lo difícil que sería ver el paisaje, mientras el coche bajaba alegremente.  “... siempre bajábamos bien por esa cuesta a pesar de los frenos”, me dice, “pero un día en este mismo sitio, me cuenta, con un 25% de desnivel que tiene la dichosa cuesta, en la curva, noté como si alguien empujase por detrás del coche.  ¡Se le partió el palier!” me dice, reflejando en su mirada la seriedad del momento.  “...pero lo paré dando restregones con la carrocería, en las piedras de la pared”.Después de una pequeña pausa le pregunto... Camilo, ¿Cómo se arregló lo de los frenos?  “...Un día el Sargento de la Guardia Civil de Zújar me dijo: Vamos a dar un paseo.  Se subió al coche; después, conteniendo su amabilidad, siguió diciéndome: ¡Tira pa lante.  Tira pa tras!  Todo iba muy bien, pero al bajar la cuesta del cementerio gritó.  ¡Frena! Yo tranquilamente eché la mano a mi galga. ¡No! ¡Con la galga no se frena! La galga es para dejar el coche inmovilizado. ¡Con el freno de pie, Camilo!, ¡Con el freno de pié!, gritó perdiendo un poco la paciencia.  Y yo le dije: mi sargento este coche no tiene freno de pié”.  Y el sargento con la seriedad que requería el momento, le aconsejó que en 24 horas ese coche tendría que estar en la puerta del cuartel con frenos y todo.  Así que desde aquel día el “Rácano” parecía un niño con zapatos nuevos”.Después de otra pequeña pausa le sigo preguntando por algunas anécdotas que sin duda harán recordar a nuestros lectores buenos y malos ratos.  Y sin tiempo de espera me dice:  “...Un día llevé en el coche, a Baza, a nueve hombres que iban de putas”, lo más típico del machismo cueveño,  supongo, y a la vez silenció sus nombres por respeto a las familias, “...y la Mary Sol se los cargó a los nueve en sólo diez minutos”.  Más de uno, recordará casi con todo detalle este exótico viaje.“...Otra vez, en un viaje, se escapó una rueda delantera del coche y todos la vimos pasar de largo.  Entonces alguien gritó:  ¡Mira, mira, que rueda sola va por ahí...”Recuerda también, que una vez viniendo de Baza, con Doña Adela y sus alumnas, se metió en el río que venía muy crecido.  “...se quedó el coche sin luces y en el medio.  A pesar de todo salimos al otro lado mientras la maestra y las niñas lloraban y gritaban, mojadas por todos sitios...”Me cuenta también, aquel día que “llegando a Peal, la mujer del secretario de Zújar, que iba de parto, dio a luz a una preciosa niña.  Tuvimos que parar y hacer, con ramas de olivo, una pequeña cama en la cuneta...”, al final todo salió bien, me dice, como si ya se le hubiese pasado el susto....O tantas y tantas “fugas” de novios “al hotel Mariquita o a la pensión Vico...

Quillotro - Antonio Martínez Pozo
Antonio Martínez Pozo

...O aquella vez, cuando veníamos de Granada...”, me dice, poniendo el semblante serio, esta vez “...murió, en el coche Ángel Rull, hermano de “Agusto”,  ...a la altura de las cuestas de Diezma...

Pero hay algo que Camilo no puede olvidar en toda la entrevista;  constantemente nombra a la empresa de “Hijos de Simón Maestra”.  “La verdad es que no me dejaron vivir.  Cada día me ponían una denuncia”; me dice, que incluso los día que el coche estaba encerrado

Quillotro - Correo de Simón Maestra
El correo de Simón Maestra

en la cochera de la Parroquia y me pone de “testigo a D. Antonio Martínez Pozo, cura Párroco de entonces”.Aun me cuenta, mientras la amargura se refleja en sus ojos, recordando aquellos malos tragos “...cuando el Capitán de la Guardia Civil de Baza me llamó a fin de darle un arreglo a esto”, me dice, o cuando fue a Granada, llamado por D. Eulalio, Jefe de Tráfico, y sin ningún miramiento le dijo: “...que estábamos dando un mal ejemplo a nuestros hijos...”  La verdad es que día tras día, los problemas no le faltaron a este hombre que “...solo buscaba trabajo digno” para dar de comer a su familia...“Podríamos escribir un libro...” me dice, mientras, casi sin darnos cuenta, llega la hora de la “liga”.  Pero él no quiere ligar.  “Mi liga es ésta”, me dice, mientras me enseña un “puñao” de pipas, y yo le pido entretanto mi primera caña a Luis.

 


Estadisticas de visitas